Categoría: Noticias

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Facebook nos encanta. Eso, para empezar. Después de unos años utilizándola, no imaginamos nuestras vidas sin abrirlo cada mañana para consultar las actualizaciones de nuestros mejores amigos y nuestras páginas favoritas; o sin esa ansiedad que nos entra cuando hacemos una foto a algo (supuestamente) gracioso y esperamos a que nuestros amigos nos dejen su “Me gusta” en ella.

Eso no quita para que haya ciertos usuarios que nos saturen. Desconocemos si ciertas personas se comportan en la vida real igual que en Facebook pero, si esto es así, es mejor estar lejos de ellas, pues resultarían cansinas hasta la saciedad. Después de darle muchas vueltas, hemos elaborado una lista con los perfiles que más nos sacan de nuestras casillas dentro de esta red social. Son los siguientes:

Los ‘runners’ exhibicionistas

Para empezar, la palabra ‘runner’ ya tiene cierto tufillo yuppie. ¿Qué tenía de malo el término corredor para que lo haya sustituido este anglicismo? No lo sabemos. El caso es que hay determinados usuarios de Facebook que se han empeñado en hacernos partícipes de su hercúlea forma y de sus colosales esfuerzos diarios sobre tierra o asfalto.

Resulta complicado visitar la red social y no encontrarse una actualización en la que se avise de que un amigo tuyo ha hecho una marca “runtástica” en su sesión diaria de ‘footing'; acompañada de una imagen en la que se observa su recorrido en un mapa del paradisíaco descampado más cercano a su casa. Ojo, no decimos que apps como Runtastic no les ayuden a conseguir una buena forma física. Todo lo contrario, pues este tipo de herramientas están realmente bien preparadas. Pero hay un trecho de ahí a que sus resultados le interesen a alguien más que a ellos y a los amigos con los que se han apostado una cena a que acaban la próxima milla urbana de su pueblo entre los 1.000 primeros.

Los que abusan de la opción “¿Qué estás pensando?”?

¿Había necesidad de introducir en esta red social la opción de publicar estados en los que se expresara el estado de ánimo con un emoticono y una pequeña frase? En serio, Mark Zuckerberg, ¿la había?

Más allá de esta cuestión, cabe reconocer que hay determinados usuarios que han sabido aprovechar esta nueva posibilidad para sacar su ingenio a relucir y extraernos alguna carcajada. Sin embargo, los más melosos se han convertido en nuestra peor pesadilla, al utilizar esta opción para hacernos partícipes de su carácter ciclotímico o de su extraña concepción de determinados acontecimientos que pasan en sus vidas.

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Los que envían invitaciones a juegos

Todos en algún momento nos hemos enganchado a uno de esos juegos que tienen aplicación en Facebook. Porque, quien más, quien menos, se ha aficionado a Candy Crush Saga o a Farm Town y los ha jugado durante horas, en pleno furor adictivo. Pero, para los que no lo han hecho nunca o lo han dejado de hacer, resulta un verdadero infierno el comprobar cómo una decena de amigos de esta red social le envía a diario una invitación para alistarse en la comunidad de usuarios de estos juegos.

Porque la incólume emoción que se siente al ver ese “1” o ese “2”, iluminado en rojo en la sección de Notificaciones no merece ser cercenada al comprobar que estos avisos realmente se deben a que el pesado de turno necesita vidas en Candy Crush y nos ha mandado una solicitud. Resulta, como poco, cruel y, por tanto, odiamos a todos aquellos personajes interesados que nos agregan para freírnos con estas peticiones.

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Los de las ‘selfies’ de pies

Minutos después de ganar la Copa de Europa el pasado mayo, el jugador del Real Madrid Xabi Alonso se hizo una foto de uno de sus pies junto al trofeo y la subió a las redes sociales. Seguramente, dentro de unos días, cuando vaya a la playa, vuelva a hacer lo mismo y a hacernos partícipes de la arena que acumula entre sus dedos o del estado de crecimiento de sus uñas.

Por alguna razón, en un momento determinado se puso de moda el que la gente hiciera a sus extremidades inferiores protagonistas de sus instantáneas, hasta el punto que todos los veranos resulta insufrible consultar nuestro muro en Facebook y comprobar cómo varios amigos han subido imágenes en las que, con o sin zapatos, aparecen sus pies al lado del mar, en un club nocturno hortera, en los Sanfermines, en la Tomatina de Buñol o, peor, junto a la paella que se van a comer un domingo.

Los que exhiben su saber mediante fotografías con frases

A Paulo Coelho parece que no le bastaba con burlar las leyes del sentido común con los argumentos de sus libros. No. Además de eso, parece que aspira a iniciar una especie de agitprop espiritual que convenza a la gente de que el universo entero conspira a favor de ellos (¡atención!) o de que la rutina es la peor enfermedad a la que se pueden enfrentar las personas.

Estamos absolutamente hartos de ver la cara de este señor cada vez que entramos a Facebook, posteada por algún amigo que acaba de tener una especie de iluminación al leer su última ocurrencia, que siempre suele ser cortita y al pie. Eso se puede extender a la inmensa mayoría de este tipo de imágenes, de las que afortunadamente se burla esta genial página.

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Los spammers

Los spammers atacan desde diferentes flancos en Facebook. Están los que te bombardean para que te hagas seguidor de 3 páginas nuevas cada día. También los que te mandan mensajes privados para que les ayudes en la última causa en que se acaban de embarcar de la forma más rocambolesca que te puedas imaginar. Y, cómo no, están los que inundan su muro de información de sus proyectos o conectan esta red social a Twitter para que tengas la posibilidad de leer por duplicado la misma información.

Dentro de estos últimos, odiamos especialmente a los spammers de su vida. Aquellas personas que siempre dan los buenos días y las buenas noches (como el vecino asesino), que suben 375 fotos de la última salida nocturna con sus amigos; o que vierten absolutamente todas las opiniones que se les pasan por la cabeza en su muro, contradiciéndose cada pocas horas. Evidentemente, no vamos a ser nosotros los que critiquemos los ataques de espontaneidad que tanto bien han hecho a las redes sociales. Pero un poco de contención al incluir contenidos en ellas no estaría nada mal.

Los agregadores de noticias

Algunos usuarios de Facebook deberían tener claro que existen unas aplicaciones denominadas agregadores de noticias (como Newscron) mediante las cuales se puede estar informado de la actualidad informativa de todo el mundo, gracias a la selección de artículos de webs, blogs, periódicos o revistas que ofrecen.

¿Por qué decimos esto? Porque existen determinadas personas que tienen la odiosa costumbre de postear 15 actualizaciones diarias con otras tantas noticias que les han parecido interesantes; o artículos con los que pretenden hacerse los eruditos. Al contrario de lo que piensan, esa sobreabundancia de información no hace que las personas les lean más o con más atención, sino que terminen por obviarlos o, simplemente, por activar la opción de ocultar sus actualizaciones.

Los gato-adictos

Los vídeos e imágenes de gatos y de niños haciendo monerías son el alfa y el omega del uso de internet de muchas personas. No nos meteremos con eso, dado que muchos de ellos nos hacen gracia. Pero lo que resulta especialmente cansino es entrar a Facebook y ver, de seguido, 15 vídeos de gatos asustados por el agua, metiéndose en una cesta o cayéndose de una silla tras quedarse dormidos.

Todo el mundo tiene un contacto en esta red social que se dedica a postear este tipo de vídeos de forma compulsiva y al que muchas veces se ha quedado a un clic de eliminar de su lista de amigos. Si eres uno de ellos, no te preocupes. Nosotros te comprendemos y pensamos lo mismo que tú. Y eso que nos gustan los gatos.

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Los que se hacen “Me gusta” a sí mismos

El que las redes sociales han disparado el ego de muchas personas no es ningún secreto. Es quizá el precio que ha habido que pagar por disfrutar de estas exitosas plataformas. Sin embargo, existen los que padecen este fenómeno de forma desmedida y efectúan una acción tan cuestionable como el conceder un “Me gusta” a sus propios estados.

No ocultamos que, cuando esto se hace con ironía, tiene bastante gracia. El problema es que esta actitud no suele ser muy frecuente y se da más en fotografías luciendo tableta de chocolate o en actualizaciones sobre los estados de ánimo escritas en mayúsculas y minúsculas y con muchas kas y haches. Y el que alguien considere que eso le gusta resulta un poco pretencioso. O, directamente, provoca sonrojo.

Los que se dirigen a sus haters

Estos usuarios son nuestros odiados favoritos, puesto que sus cabreos, tribulaciones e indignaciones suelen ser bastante divertidas y tienen ese punto de surrealismo que contribuye a hacer más llevadera nuestra rutina. En este grupo se podría meter a todos aquellos que escriben enormes parrafadas sobre personas a las que aborrecen, pero que aún no han borrado de Facebook -suponemos- para que se den por aludidas de lo que escriben.

Los sábados por la noche, en mitad del furor nocturno, suele ser su momento favorito para salir de su guarida y atacar con su distinguida prosa. De ahí que merezca la pena estar atento a sus reflexiones, generalmente desmedidas y pasionales. Tenemos la teoría de que, si juntáramos todos los mensajes de estos usuarios (o mezcláramos los de todos) nos saldría el guión de un culebrón.

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21
mar
2015

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